Antes de disparar la primera foto trabajamos la propuesta con calma: paleta de color, tipo de joyería, hora exacta en la que el sol dejaría de estar cenital y empezaría a rasgar la superficie del agua. El vestuario, un bikini verde lima, se eligió para que contrastara con el azul intenso de la piscina y el tono más apagado del mar al fondo. El tocado dorado, con textura de plumas trabajadas a mano, aportó el punto escultural que necesitaba la composición sin distraer del rostro.
Karia se movió entre el borde de la piscina y la sombra proyectada por el propio tocado, jugando con el gesto de las manos y el giro del cuello. Ese tipo de dirección sutil, más cercana a coreografiar que a posar, es lo que permite conseguir una serie con variedad real de encuadres sin perder coherencia visual.
Fotografiar junto al agua exige controlar dos fuentes de luz a la vez: la que llega directa del sol y la que rebota desde la piscina hacia arriba. Trabajamos exposiciones cortas para conservar la textura del agua en movimiento y usamos el propio horizonte marino como línea de referencia en cada encuadre. En posproducción, el trabajo se centró en mantener la piel con un acabado natural, sin perder el brillo propio del sol de mediodía, y en reforzar los tonos turquesa del agua para que la imagen final tuviera la fuerza de una portada.
Una sesión necesita algo más que una buena cámara: pide planificación de vestuario, dirección de modelo y un retoque que respete la piel sin artificios. Es el criterio que aplico en Barcelona a sesiones de retrato, moda y boudoir, adaptado aquí a un escenario de piscina y mar.
Si tienes en mente una sesión editorial, de moda o de baño y quieres trabajar con ese nivel de cuidado, escríbeme. Hablemos de tu proyecto y demos forma a tu propia serie visual
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